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Tengo que confesar que yo también he caído en las redes de los complementos alimenticios que se presentan eficaces para aumentar la concentración y potenciar la actividad neuronal en momentos en que me he visto más floja.

Eso sí, sin llegar a analizar ni preguntarme en qué se basan estos productos para afirmar que funcionan. ¿Quizá la orientación de unx farmacéuticx me ha bastado? ¿El efecto placebo? A saber.

Anyway, el blog de SCIENTIA tiene una sección interesantísima sobre el tema que lleva por nombre, Marketing pseudocientífico, a través del que analiza y desmenuza ciertos productos a fin de aclarar y poner en tela de juicio lo maravillosos (que nos venden) que son.

En concreto me refiero a este artículo sobre complementos alimenticios destinados a mejorar el rendimiento intelectual, donde nos va desgranando uno a uno los componentes de uno de ellos, De Memory, para los que el propio producto asegura que los efectos y propiedades de sus componentes (fosfatidilserina, taurina, jalea real, vitaminas y fósforo) están científicamente demostradas.

Algo que parece chocar con lo que dice la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), y que el propio artículo nos aclara analizando cada componente y sus efectos “científicamente probados” (La mejor parte se la lleva el fósforo, cuando compara la cantidad diaria recomendada con la de cada cápsula y la equipara con la contenida en una sardina. Increíble…)

[No cuento más. El artículo habla por sí solo y merece la pena dedicarle un ratillo]

Y para poder tener una visión más crítica y un criterio propio, el autor, José Manuel López Nicolás, pone a nuestra disposición en la revista Feelsynapsis de Julio este otro artículo “Como saber si un complemento alimenticio es un fraude en cinco cómodos pasos”: que va desde elegir el producto, apuntar el precio y los ingredientes con su cantidad, googlear al Diario Oficial de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA Journal) y buscarlos uno a uno para ver qué propiedades y efectos están demostrados científicamente.

Y es que, puede ocurrir que los efectos del ingrediente estrella no estén demostrados, pero si exista entre la composición del producto alguno con el que el fabricante pueda publicitarlo reclamando lo beneficioso que es para la salud (lo que llaman health claim), para lo que necesitaría estar científicamente probado. Y puede que además, ese ingrediente lo encontremos (en una cantidad muuucho mayor) visitando, simplemente, nuestra cocina.

Y no me lio más que me pierdo. Todo esto está bien explicado y ejemplificado (y con un buen toque de humor 🙂 ) en el propio artículo de la revista, descargable en el enlace anterior (un poco más arriba) y en la que encontraréis otros artículos interesantes.

Al final nos la meten doblada por todos lados…. habrá que abrir más los ojos cual mochuelo de hoyo.

Mochuelo de hoyo [Burrowing Owl] (Athene cunicularia minor)
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