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Malditos sean los individuos, que incapaces de ver mas allá de sus narices, se creen con el poder en su cartera, y osan ejercer la dictadura de las masas, la dictadura del consumo.

Observen la historia de ese colectivo Norte que tomó por suyos los recursos del sur, haciendo publicidad desu superioridad de país desarrollado, y sigue con su política de enriquecimiento, a costa del empobrecimiento de aquellos que no tuvieron tanta suerte y nacieron al otro lado de la línea.

Y si aquellos que alguna vez fueron dictados, se parasen hoy a pensar en sus hermanos, recordasen aquella vieja consigna que predicaba “unidos venceremos”, aquel espíritu colectivo de lucha… la estabilidad el sofá la comodidad la televisión la buena comida el mp3 el ordenador los electrodomésticos el dinero la riqueza, ataron sus manos con cadenas a la cartera, ya son adictos al consumo.

Es sabido, (y quizá no tan reconocido), que la tierra no da más de sí. Estamos agotando su naturaleza. Consumimos más recursos naturales de los que se producen, y contaminamos más de lo que el mundo puede absorber. Nuestros hijos, o sus hijos, tendrán la mala suerte de nacer en un mundo muy diferente.

¿Solución? Reduzcamos el consumo. Suena bien, pero existe un problema. Esos pobres del Sur… no tenemos para todos. Alguien tiene que quedarse en el camino. Ahora resulta que hemos avanzado hasta el sobre-consumo. El 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos del planeta. No hay que ser un lince para saber lo que le queda al resto. No vale con frenar un poco, sino que algo esta fallando, y está fallando en sus cimientos.

¿Solución? Reduzcamos… aún más el consumo. Deberíamos reducir tanto el consumo, que por ejemplo un ciudadano de EEUU, debería hacerlo hasta un valor 5.33 veces inferior para alcanzar un índice sostenible aplicable a toda la humanidad. Igualmente lo tendrían que hacer (en menor medida 3,5 veces) el resto de países del denominado primer mundo, de ingresos altos y medios. [http://es.wikipedia.org/wiki/Huella_ecol%C3%B3gica].

¿Estamos dispuestos a renunciar tantas comodidades? Ahora mismo, desde luego, no.

¿Solución? Pasemos a las medidas drásticas. Una 3ª guerra mundial, que acabase con la vida de miles de millones de personas, una catástrofe natural que nos haga retroceder hasta un punto desde el cual podamos volver a desarrollarnos de una forma global, ética e igualitaria… ¿demasiado drástico? No creo que estemos dispuestos.

¿Solución? Una dictadura que condene al Norte a una austeridad absoluta, a un abandono del consumo. ¿Estamos dispuestos? No lo creo.

Visto lo visto, desde nuestra posición como dictadores, nos creemos con el derecho, (por creencia o por aplanamiento cerebral televisivo), de consumir hasta morir. (Nosotros no claro, esos del Sur). No somos capaces de pararnos a pensar en que no somos el ombligo del mundo, en que esa declaración de los Derechos Humanos, tan famosa, firmada y respetada por todos, establece que todos los seres humanos nacemos LIBRES e IGUALES.

Bien por culpa de nuestra débil actitud de ovejas que siguen el rebaño, o nuestro déspota carácter de amos del mundo, de sus recursos y sus personas, nos negamos a dejar de consumir, a costa de que otros no puedan hacerlo nunca. Esto es una dictadura, y nosotros, por tanto, los dictadores del consumo.

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