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Bendito el lugar y el motivo de estar ahi
Bendita la coincidencia
Bendito el reloj que nos puso puntual ahi
Bendita sea tu presencia
Bendito dios por encontrarnos en el camino
Y de quitarme esta soledad de mi destino

ECUADOR 07
De vuelta en el avión escuché esta canción.
Y me di cuenta de que resumía mi paso por este país que se encuentra entre Perú y Colombia. Poco tiempo es el que he podido disfrutar de su gente, de sus paisajes, de su comida,
de su vocabulario; en definitiva, de su forma de vida.
Pero a pesar de ello he aprendido muchas cosas, he convivido, he compartido, he reido e incluso he llorado.
Me he conocido más a mi misma y he conocido una nueva realidad.

Sabía que me costaría, que no sería fácil y a pesar de imaginar cómo podría ser aquello tenía miedo de lo que me fuese a encontrar.
Pero por encima del miedo estaban las ganas.
Ganas de marchar y de verme a mi misma viviendo esa nueva experiencia que desde luego ha sido enriquecedora.
La razón de haber decidido ir a Ecuador es, en realidad, una inquietud, un sentimiento, una fuerza.

Me llevo el calor de la gente, la acogida, su manera de organizarse, pero sobre todo me llevo a ciertas personas que conocí allí y con las que compartí este mes de mi vida.
Se podría decir que al final “me he enseñado”. También es cierto que este viaje hubiese sido diferente si no hubiese ido con una gran persona que me ha aportado alegría, seguridad y fuerza. Hay muchas cosas que no he llegado a hacer, y otras que me hubiese gustado repetir.
Porque un mes no da para tanto.
Pero siempre puede haber una segunda oportunidad.
De momento espero trasladar todo lo que he vivido, lo que he conocido, lo que he sentido a mi día a día. Y eso es algo que se tiene que ver en mi actitud, principalmente.
Porque como dijo alguien una vez: “Nada ha cambiado salvo mi actitud; por eso todo ha cambiado”

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